El arco iris

El arco iris

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Cuando Lydia se desplegaba y se acercaba a él, todas las cosas que habían sido y que eran desaparecían para ella, y se sentía nueva como una flor que abre su vaina y resiste en pie, siempre preparada, a la espera, receptiva. Brangwen no lograba entenderlo. Se obligó, por incomprensión, a seguir el honroso camino del cortejo y la licencia matrimonial de acuerdo con las convenciones sociales. Después de que él se presentara en la vicaría para pedir su mano, Lydia pasó unos días atrapada en este hechizo, abierta y receptiva para él, ante él. El deseo creció en Brangwen hasta alcanzar cotas de caos. Habló con el vicario, y se publicaron las amonestaciones. Hecho esto, Brangwen se puso a esperar.

Lydia seguía atenta y expectante por instinto en presencia de Brangwen, desplegada y preparada para recibirlo. Él estaba paralizado, por miedo de sí mismo y por su concepto del honor con que debía tratarla. Así, continuó en un estado de caos.

Y, pasados unos días, ella volvió a cerrarse poco a poco, a alejarse de él, a replegarse, impermeable y ajena. Brangwen experimentó entonces una desesperación infinita y negra, consciente de lo que había perdido. Tuvo la sensación de que lo había perdido para siempre, y comprendió lo que era haber estado en comunicación con ella y verse de nuevo abandonado. Angustiado, con el corazón como una piedra, se ocupaba de sus tareas como si no estuviera vivo.


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