El arco iris
El arco iris Tilly estaba sentada junto al fuego, con la cabeza entre las manos. Se sobresaltó al oír que entraba Brangwen.
–¿Por qué no te has ido a la cama? –preguntó él.
–He pensado que tenía que quedarme a cerrar y a recoger –contestó.
La agitación de Tilly dejó a Brangwen sin palabras. Le dio alguna orden sin importancia y volvió, más tranquilo, casi avergonzado, con su mujer. Lydia lo observó unos instantes, mientras él se acercaba sin mirarla.
–¿Verdad que vas a ser bueno conmigo? –preguntó.
Parecía pequeña, infantil y terrible, con una expresión amplia y extraña en los ojos. A Brangwen le dio un vuelco el corazón y, presa de una agonía de amor y deseo, se acercó a ella y la cogió entre sus brazos.