El arco iris
El arco iris –Quiero serlo –dijo, acercándola cada vez más contra su pecho. Lydia se sintió tranquilizada por la fuerza con que él la abrazaba, y se quedó muy quieta, relajada en sus brazos, fundiéndose con él. Y Brangwen se liberó del pasado y del futuro, reducido a aquel instante con ella. Era el momento de tomarla, de estar con ella, y no existÃa nada más: estaban unidos en un abrazo elemental, más allá de su mutua extrañeza superficial. Pero, a la mañana siguiente, Brangwen volvÃa a sentirse inquieto. Lydia seguÃa siendo extraña y desconocida para él. Con la única salvedad de que, además de temor, Brangwen sentÃa orgullo, confianza en sà mismo como compañero de aquella mujer. Y ella, olvidándose de todo en este nuevo regreso a la vida, irradiaba fuerza y alegrÃa, tanta que él se estremecÃa al tocarla.
El matrimonio supuso un cambio muy notable para Brangwen. Las cosas se volvieron distantes, insignificantes, conforme iba conociendo la poderosa fuente de la que brotaba su vida, conforme abrÃa los ojos a un universo nuevo y se asombraba al tomar conciencia de su trivialidad anterior. Una nueva y serena relación se revelaba para él en todo cuanto veÃa, en el ganado y en el trigo joven, arremolinado por el viento.