El arco iris
El arco iris –Primero construyeron el ferrocarril de un extremo a otro del paÃs, y luego una lÃnea más corta, de vÃa estrecha, que llegaba a unos ciento sesenta kilómetros de nuestra ciudad. Cuando yo era pequeña, Gisla, mi institutriz alemana, estaba muy impresionada y no querÃa contármelo, pero oà lo que decÃan los criados. Me acuerdo de lo que dijo Pierre, el cochero. Y mi padre, y algunos de sus amigos, terratenientes como él, habÃan comprado una vagoneta, una vagoneta entera.
–Un vagón –corrigió Brangwen.
Lydia se rió para sus adentros.
–Sé que fue un gran escándalo: sÃ. Un vagón entero para ir con chicas, ¿sabes?, con sus filles desnudas: llenaban el vagón de chicas y asà hacÃan el viaje hasta nuestro pueblo. Atravesaban las aldeas de los judÃos, y era un gran escándalo. ¿Te lo imaginas? ¡Por todo el paÃs! Y a mi madre no le hacÃa ninguna gracia. Gisla me dijo: «Madame no debe enterarse de que tú has oÃdo estas cosas»…