El arco iris
El arco iris »Mi madre lloraba a menudo, y tenía ganas de pegar a mi padre, de pegarle sin rodeos. Cuando lloró porque mi padre había vendido el bosque, porque quería tener dinero contante y sonante en el bolsillo para ir a Varsovia o a París o a Kíev, y le recordó que tenía que cumplir su palabra, que no podía vender el bosque, él le contesto: “Ya lo sé, ya lo sé, ya me lo has dicho muchas veces. Dime algo nuevo. Ya lo sé, ya lo sé, ya lo sé”… Pero ¿te puedes creer que yo lo quería, a pesar de que estaba ahí, en la puerta, diciendo: “Ya lo sé, ya lo sé, ya lo sé”? Mi madre no podía hacer nada para hacerle cambiar, por más que pusiera todo su empeño. Podía cambiarlo todo, menos a él. A él no podía cambiarlo…