El arco iris
El arco iris Anna lo miró con la misma expresión furibunda, sin contestar, y volvió la cabeza para aferrarse a su madre. No estaba dispuesta a consentirlo.
Ese día le preguntó a su madre varias veces:
–¿Cuándo nos vamos a casa, mamá?
–Estamos en casa, cariño. Ahora vivimos aquí. Ésta es nuestra casa y vivimos aquí con tu padre.
Anna se vio obligada a aceptar la situación, pero seguía en contra del hombre. Cuando cayó la noche, preguntó:
–¿Dónde vas a dormir, mamá?
–Ahora duermo con tu padre.
Y, cuando llegó Brangwen, la niña le dijo, con furia y voz temblorosa:
–¿Por qué duermes con mi madre? Mi madre duerme conmigo.
–Ven tú también a dormir con nosotros –contestó Brangwen.
–¡Mamá! –gritó Anna, apelando a su madre para que se enfrentara a él.
–Tengo que tener un marido, cariño. Todas las mujeres tienen que tener marido.
–Y ¿verdad que a ti te gusta tener un padre además de una madre? –dijo Brangwen.
Anna lo fulminó con la mirada. Pareció que meditaba.