El arco iris
El arco iris –No –gritó con furia, al fin–. No, no quiero.
Y empezó a hacer pucheros, despacio, y luego rompió a llorar amargamente. Brangwen se quedó mirando a la niña con tristeza, pero no habÃa manera de evitarlo.
Con el tiempo, Anna se fue tranquilizando. Brangwen la trataba con sencillez, hablaba con ella, la llevaba a ver a los animales, le traÃa pollitos en la gorra, la llevaba a recoger los huevos, le permitÃa darle pan duro al caballo. Ella lo acompañaba de buen grado y aceptaba todo cuanto él tenÃa que ofrecer, pero aun asà seguÃa mostrándose neutral.
Anna era una niña incomprensiblemente celosa de su madre, siempre estaba angustiada y preocupada por ella. Cuando Brangwen y Lydia se iban a Nottingham, Anna se quedaba correteando, bastante contenta, o al menos libre de preocupación por el momento. Después, cuando llegaba la tarde, no paraba de repetir: «Quiero a mi mamá, quiero a mi mamá», y acompañaba sus palabras de un amargo y patético sollozo que no tardaba en arrancar también sollozos en el blando corazón de Tilly.
De todos modos, la niña trataba generalmente a su madre con rencor y frialdad, y era muy crÃtica con ella.