El arco iris
El arco iris –Me gritan. Son malos –contestó ella muy deprisa.
–Creen que no vives aquà –dijo él.
Poco después, Brangwen vio a la niña en la cancela, gritando con voz imperiosa y chillona:
–Me llamo Anna, Anna Lensky, y vivo aquÃ, porque el señor Brangwen ahora es mi papá. Lo es… SÃ, lo es. Y vivo aquÃ.
Esto agradó mucho a Brangwen. Y, poco a poco, sin darse cuenta, la niña se fue aferrando a él en sus momentos de desolación infantil, cuando se sentÃa perdida y era reconfortante acercarse a algo grande y cálido, enterrar su pequeño ser en la existencia grande e ilimitada de Brangwen. Él la cuidaba instintivamente y procuraba prestarle atención y estar disponible para ella.
Anna era difÃcil para los afectos. A Tilly la trataba esencialmente con desprecio infantil, casi con disgusto, por lo servil que era la pobre mujer. No dejaba que la criada la atendiera, que se ocupara de sus necesidades Ãntimas, al menos por mucho tiempo. La trataba como si fuera de una raza inferior, y esto a Brangwen no le gustaba.
–¿Por qué no eres cariñosa con Tilly? –le preguntaba.
–Porque… porque… porque me mira con los ojos torcidos.