El arco iris
El arco iris Ahora bien, mirando desde la cancela del jardín camino adelante, a mano derecha, al otro lado de los oscuros arcos del canal había una mina de carbón activa bastante próxima, y más allá, se veían las casas rojas y toscas, amontonadas en el valle, y detrás de todo, la colina tenue y humeante del pueblo.
La vivienda se encontraba en el lado seguro de la civilización, al otro lado de la cancela. La casa se alzaba desnuda, apartada del camino por un sendero recto que cruzaba el jardín y en primavera se llenaba de narcisos verdes y amarillos. A ambos lados había arbustos de lilas, durillo y aligustre que ocultaban completamente las dependencias de la granja, construidas detrás.
La confusión de cobertizos se extendía hasta los alrededores de la vivienda, partiendo de dos o tres patios poco definidos. Pasado el último edificio se encontraba el estanque de los patos, que cubrían con sus plumas blancas las orillas de tierra blanda. El viento arrastraba las plumas sucias hasta los prados y las aulagas, más abajo del muro del canal, elevado como un fortín muy cercano, de manera que a veces se veía pasar la silueta de un hombre andando, o la de un jinete que surcaba el cielo arrastrando un caballo de la brida.