El arco iris
El arco iris –Mira –gritaba Brangwen, cuando el niño empezaba a lloriquear para que lo sacaran de la cuna–, ya está el mirlo trinando.
–El mirlo está cantando –gritaba Anna, entusiasmada–. El mirlo está cantando.
–Cuando se abrió el pastel –gritaba Brangwen, con su ronca voz de bajo, acercándose a la cuna– el pájaro empezó a cantar.
–¿No era un plato delicado con el que obsequiar a un rey? –gritaba Anna. Y sus ojos chispeaban de alegrÃa al pronunciar estas crÃpticas palabras, buscando la aprobación de Brangwen. Él se sentaba, con el niño en brazos, y decÃa en voz alta:
–Canta, muchachito, canta.
El niño empezaba a berrear y Anna gritaba con todas sus fuerzas, al tiempo que bailaba de alegrÃa:
Canta una canción de seis peniques,
manojito de flores,
¡venga! ¡Venga!
De repente se quedaba callada, volvÃa a mirar a Brangwen con ojos chispeantes y gritaba, entusiasmada:
–Lo he dicho mal. Lo he dicho mal.
–¡Señores! –exclamaba Tilly–. ¡Qué escándalo!