El arco iris
El arco iris Brangwen tranquilizaba al niño y Anna seguía bailando, loca de contento. Le encantaban estos momentos de alboroto desenfrenado con su padre. A Tilly la sacaban de quicio. A la señora Brangwen no la molestaban.
Anna no mostraba demasiado interés por los demás niños. Los dominaba, los trataba como si fueran extremadamente infantiles e ineptos, los veía como inferiores y no como iguales. Por eso generalmente estaba sola, correteando por la granja y entreteniendo con su presencia a los braceros, a Tilly y a la otra criada más joven, sin dejar de dar vueltas como un remolino.