El arco iris
El arco iris –Sà lo eres. Asà es como contesta una gatita polaca.
Anna se quedó pensativa.
–Pues tú… tú eres… –empezó a decir.
–¿Qué soy?
Anna lo miró de arriba abajo.
–Eres un patizambo.
Y era cierto. Hubo una carcajada general. A todos les encantaba el carácter indomable de la pequeña.
–Sà –asintió Marriott–. Eso solo se atreve a decirlo una gatita polaca.
–Porque soy una gatita polaca –contestó Anna, furiosa.
Y con esto arrancó una nueva carcajada general.
A todos les encantaba chinchar a la niña.
–Dime, señorita –le dijo Braithwaite–, ¿a cómo está la lana de cordero?
Y le dio un tironcito de uno de sus bucles claros y brillantes.
–No es lana de cordero –contestó Anna, indignada, recuperando su ofendido bucle.
–Pues ¿qué es entonces?
–Es pelo.
–¡Pelo! Y ¿dónde se crÃa esa clase de pelo?
–¿Dónde se crÃa? –repetÃa la niña, imitando el dialecto de la zona, vencida por la curiosidad.