El arco iris
El arco iris Así, empezó el pobre Nat a inspirar repugnancia, y poco después acabó en el asilo de indigentes.
Brangwen abrigaba el secreto deseo de hacer de Anna una señorita. Su hermano Alfred, que vivía en Nottingham, había protagonizado un escándalo al convertirse en el amante de una mujer educada, toda una señora, viuda de un médico. Alfred Brangwen visitaba muy a menudo a la viuda, en calidad de amigo, en su casa de campo de Derbyshire, abandonando un par de días a su mujer y a sus hijos, aunque después volvía con ellos. Y nadie se atrevía a rechistar, porque era un hombre muy tozudo e insistía en que entre la viuda y él no había nada más que una amistad.
Un día, Brangwen se encontró con su hermano en la estación.
–¿Adónde vas? –preguntó el hermano menor.
–Voy a Wirksworth –dijo Alfred.
–Me han dicho que tienes amistades por esos pagos.
–Así es.
–Tendré que echar un vistazo cuando pase por ahí.
–Como gustes.
Tom Brangwen sentía mucha curiosidad por esta mujer, y así, cuando volvió a pasar por Wirksworth, preguntó por la casa de la viuda.