El arco iris
El arco iris –¿Qué es lo que tengo que recordar de ti? –preguntó él.
–Quiero que sepas que hay alguien a tu lado, además de ti mismo.
–¿Es que no lo sé?
–Te me acercas como si nada, como si yo no existiera. Cuando Paul se me acercaba, yo era algo para él… Era una mujer. Para ti no soy nada… Soy como el ganado… O nada…
–Me haces sentir como si no fuera nada –dijo él.
Se quedaron callados. Lydia seguÃa mirándolo. Tom no podÃa moverse, su espÃritu era un hervidero de caos. Ella retomó su labor. Pero su imagen, inclinada delante de él, atenazaba a Brangwen y no le permitÃa existir. Lydia era un objeto extraño, dominante y hostil. Aunque no del todo hostil. Al sentarse, Brangwen notó que tenÃa las piernas fuertes y duras, que tenÃa fuerza.
Lydia siguió un buen rato callada, cosiendo. Brangwen era plenamente consciente de la forma redonda de su cabeza, muy Ãntima, atractiva. Lydia levantó la cabeza y suspiró. Brangwen sintió que le ardÃa la sangre, y la voz de su mujer prendió en él como una llama.
–Ven aquà –dijo, insegura.