El arco iris
El arco iris Anna se convirtió en una muchacha alta y desgarbada. TenÃa los mismos ojos oscuros y vivos, pero se habÃan vuelto indiferentes, habÃan perdido su expresión vigilante y hostil. Su pelo salvaje y ensortijado ahora era castaño, pesaba más, y lo llevaba recogido en una coleta. La mandaron a una escuela de señoritas de Nottingham, y pasó esta época concentrada en convertirse en una señorita. TenÃa inteligencia de sobra, pero no le interesaba aprender. Al principio, las niñas del colegio le parecieron muy elegantes, maravillosas, y querÃa ser como ellas. No tardó en llevarse una desilusión fulminante: la humillaban, la sacaban de quicio, eran ruines y mezquinas. En comparación con el ambiente relajado y generoso de su casa, donde las cosas pequeñas no tenÃan importancia, Anna se sentÃa siempre incómoda en el mundo exterior, que en cualquier momento podÃa romperse y atacarla.
Cambió muy deprisa. Desconfiaba de sà misma, desconfiaba del mundo exterior. No querÃa salir, no querÃa salir al mundo, no querÃa seguir adelante.
–¿Qué más me dan a mà todas esas chicas? –le decÃa a su padre con desprecio–. No son nadie.
El problema era que las chicas no aceptaban a Anna tal como era. TenÃa que ser como ellas, y lo demás no valÃa. Anna estaba desconcertada, seducida, y por algún tiempo se volvió como ellas, pero enseguida se sintió asqueada y las odiaba con todas sus fuerzas.