El arco iris
El arco iris No obstante, Anna tenía un ideal: el de una mujer elegante, libre y orgullosa, eximida de aquellos vínculos ruines, que existía al margen de consideraciones mezquinas. Anna encontraba este ideal de mujer en los cuadros: Alexandra, la princesa de Gales, era uno de sus modelos. La princesa era una dama altiva y majestuosa, indiferente a cualquier deseo nimio y ruin, pensaba Anna, en lo más hondo. Empezó a llevar el pelo recogido en un moño alto, a ponerse un sombrerito inclinado y a vestir a la moda, con faldas de muchos pliegues y un elegante abrigo entallado.
Su padre estaba encantado. Anna tenía un porte orgulloso, demasiado displicente por naturaleza y ajena a las convenciones para el gusto de Ilkeston, donde de buena gana le habrían bajado los humos. Pero Brangwen no lo habría permitido jamás. Que Anna quería ser majestuosa, pues que lo fuera. Se interponía como una roca entre su hija y el mundo.