El arco iris
El arco iris El sermón continuó vagamente, en un flujo rebosante de paz. William sacó su pañuelo. Parecía completamente absorto, dejándose llevar por la corriente del sermón. Se llevó el pañuelo a la cara. Y entonces, algo cayó encima de sus rodillas. ¡La flor de curry! Se quedó observándola, pasmado. Anna soltó una risita. Todo el mundo la oyó. Era un suplicio. William había cogido la flor mustia, la tenía en el puño y había vuelto a levantar la cabeza, con la misma concentración de antes. Otra risita de Anna. Fred le dio un codazo, recriminándola. Su primo estaba muy quieto. Aunque no lo miraba, Anna sabía que se había puesto colorado. Lo notaba. La mano de William, con la flor en el puño, estaba muy quieta, fingiendo normalidad. Otra sacudida frenética en el pecho de Anna, y una risa sofocada. Se dobló, sacudida por la risa. ¡Maldita la gracia! Fred no paraba de darle codazos. Y Anna se los devolvía con todas sus fuerzas. Otro espasmo de risa maliciosa se apoderó de ella. Intentó tragársela con un carraspeo. El carraspeo se transformó en un grito ahogado que resonó en toda la iglesia. Anna quería morirse. Y la mano cerrada de William empezó a buscar el bolsillo. Mientras Anna esperaba, intrigada y tensa, la risa volvió a sacudirla, porque sabía que su primo estaba hurgando en el bolsillo para guardar la flor.