El arco iris
El arco iris –¿Quién entrega a esta mujer para casarla con este hombre?
Brangwen notó que alguien lo tocaba. Se sobresaltó. Las palabras seguÃan resonando en su memoria, alejándose.
–Yo –se apresuró a decir.
Anna bajó la cabeza y sonrió por debajo del velo. ¡Qué ridÃculo estaba su padre!
Con la mirada perdida en la ardiente vidriera azul, detrás del altar, Brangwen pensaba vagamente, con dolor, si alguna vez serÃa viejo, si alguna vez llegarÃa a sentir que habÃa llegado a alguna parte, si llegarÃa a sentirse asentado. Estaba en la iglesia, en la boda de Anna. Bueno, ¿con qué derecho se sentÃa responsable, como un padre? SeguÃa siendo tan inseguro e inestable como cuando se casó. ¡Su mujer y él! Con una punzada de angustia comprendió que eran los dos un par de incertidumbres. Él era un hombre de cuarenta y cinco años. ¡Cuarenta y cinco! Dentro de cinco años cumplirÃa cincuenta. Luego sesenta… Luego setenta… Y después todo habrÃa terminado. ¡Dios mÃo! ¡Y seguÃa siendo tan inseguro!