El arco iris
El arco iris –No estés tan seguro de tus poderes –dijo la mujer de Frank–. Más de uno no pasa de la mitad del camino, ni es capaz de salvarse aunque viva eternamente.
–Y eso ¿cómo lo sabes? –preguntó Alfred.
–A algunos se les nota en la cara –replicó Lizzie, su cuñada.
Will estaba en el centro, oyendo lo que decÃan solo a medias, con una leve sonrisa. ParecÃa tenso y distraÃdo. Estas cosas, como cualquier otra, apenas lo rozaban.
Anna bajó con su vestido de calle, muy esquiva. Besó a todo el mundo, a los hombres y a las mujeres, mientras Will les estrechaba la mano, besaba a su madre, que rompió a llorar, y todos se acercaron al coche en tropel.
La pareja ya estaba en el coche mientras los demás seguÃan voceando las últimas órdenes.
–En marcha –gritó Tom Brangwen.
El coche se puso en marcha. Y todos se quedaron mirando hasta que las luces empezaron a menguar bajo los fresnos. Después, se tranquilizaron y entraron en casa.