El arco iris
El arco iris –Encontrarán tres buenos fuegos encendidos –dijo Tom Brangwen, mirando su reloj–. Le pedà a Emma que los encendiera a las nueve y que echara el cerrojo. Son solo las nueve y media. Encontrarán tres fuegos encendidos, y también las lámparas, y Emma habrá calentado la cama con el brasero. Asà que creo que todo irá bien.
Estaban todos mucho más callados. Hablaron de los recién casados.
–Anna no quiere tener criada –dijo Tom Brangwen–. La casa no es grande, y dice que la tendrÃa siempre delante de las narices. Emma los ayudará en lo que le pidan, pero vivirán solos.
–Es lo mejor –dijo Lizzie–. Asà es uno más libre.
Hablaban despacio. Brangwen miró su reloj.
–Vamos a cantarles un villancico –dijo–. Seguro que encontramos a los violinistas en El Gallo y el Petirrojo.
–SÃ, vamos –dijo Frank.
Alfred se levantó en silencio. El cuñado y uno de los hermanos de Will también se levantaron.
Salieron los cinco de la casa. La noche estaba centelleante de estrellas. Sirio refulgÃa como una señal a un lado del monte; Orión, majestuosa y espléndida, colgaba sobre la ladera.