El arco iris
El arco iris «En los prados, donde moran los rebaños.» Un estruendo de voces masculinas rompió a cantar con desigual armonÃa.
Anna Brangwen se habÃa sobresaltado al oÃr la música. TenÃa miedo.
–Es la vigilia –susurró Will.
Anna seguÃa tensa, con el corazón palpitante, poseÃdo de un intenso y extraño temor. Estallaron entonces las voces de los hombres, bastante desafinadas. Anna escuchaba en tensión.
–Es papá –dijo en voz baja.
Se quedaron callados, atentos.
–Y mi padre –añadió Will.
Anna escuchaba, quieta. Sin embargo, se sentÃa segura. Volvió a la cama, a los brazos de Will. Él la abrazó con fuerza, besándola. El villancico peregrinaba por el jardÃn, los hombres cantaban lo mejor que podÃan, ajenos a todo bajo el hechizo de los violines y la melodÃa. El fuego resplandecÃa en la oscuridad del dormitorio. Anna oÃa a su padre, que cantaba con ganas.
–¿Verdad que son bobos? –susurró.
Y se acercaron, se acercaron el uno al otro, latÃan sus corazones el uno para el otro. Y, a pesar de que el villancico seguÃa su curso, ellos dejaron de oÃrlo.