El arco iris
El arco iris La mañana se esfumó sigilosamente, también la tarde avanzaba a paso seguro, y Will la dejaba marchar. ¡El luminoso tránsito del dÃa habÃa pasado inadvertido! HabÃa en esta forma de actuar algo poco viril, algo herético. No conseguÃa reconciliarse con la situación. TenÃa la sensación de que tenÃa que levantarse, salir inmediatamente a la luz del dÃa y trabajar o agotar su energÃa al aire libre, para recuperar lo que quedaba del dÃa.
Sin embargo, no salió. Bueno, tanto da que lo cuelguen a uno por oveja que por cordero. Si habÃa perdido un dÃa de su vida, perdido estaba. Renunciaba. No tenÃa intención de llevar la cuenta de sus pérdidas. A Anna no le preocupaba. No le preocupaba en absoluto. Entonces, ¿por qué iba a preocuparse él? ¿Acaso tenÃa que irle a la zaga en despreocupación e independencia? Anna era sublime en su indiferencia. Will querÃa ser como ella.
Anna se tomaba sus responsabilidades a la ligera. Si derramaba el té en la almohada, la frotaba con un pañuelo, sin darle importancia, y le daba la vuelta. Él se habrÃa sentido culpable. Ella no. Y a Will esto le gustaba. Le gustaba muchÃsimo la poca importancia que ella daba a estos detalles.