El arco iris
El arco iris Se levantaron cuando ya era noche cerrada. Anna se recogió el pelo atropelladamente en un moño y se vistió en un abrir y cerrar de ojos. Bajaron a la sala, encendieron el fuego y se sentaron en silencio, sin decir más de una o dos palabras de vez en cuando.
Esperaban a Tom Brangwen. Ana recogió los platos y la habitación en un vuelo, adoptando una personalidad distinta, y volvió a sentarse. Will estaba pensando en su talla de Eva. Disfrutaba tallando mentalmente, deteniéndose en cada rasgo, en cada lÃnea. ¡Cuánto le gustaba! Cuando retomara su panel de la Creación, terminarÃa su Eva, tierna y chispeante. SeguÃa sin estar satisfecho con el resultado. El Señor se empeñaba en dar vida a la mujer con la silenciosa pasión del Creador, mientras que Adán estaba tenso, como atrapado en un sueño de inmortalidad, y Eva tenÃa una forma difusa, poco definida, como si el Creador librara una batalla con Su propia alma por la mujer. Aun asÃ, Eva era radiante.
–¿En qué piensas? –preguntó Anna.
A Will le costaba hablar de estas cosas. Se avergonzaba cuando intentaba expresar sus sentimientos más Ãntimos.
–Pensaba que mi Eva es demasiado intensa, demasiado vital.
–¿Por qué?
–No sé. DeberÃa ser más… –hizo un gesto de infinita ternura.