El arco iris
El arco iris Hubo un silencio, no exento de deleite. No podía decir nada más. ¿Por qué no podía decir nada más? Anna notó un calambre de desconsolada tristeza. Pero no tenía importancia. Se acercó a él.
Llegó Tom Brangwen y los encontró radiantes, como una flor abierta. Pasó un rato muy agradable con ellos. Allí donde estuviera la fragancia del amor, todo el que se acercara tenía la obligación de respirarla. Parecían despiertos y rebosantes de vida, iluminados por la luz del otro mundo, como si fuera toda una experiencia para ellos que alguien más pudiera existir.