El arco iris
El arco iris Siempre le había gustado esta ventana roja y amarilla. El cordero, alelado y con mucha afectación, levantaba una de las patas delanteras, y en la pezuña sostenía, inseguro, un banderín con una cruz roja. Era un cordero de color amarillo muy pálido, con sombras verdosas. A Anna le gustaba desde que era pequeña, le inspiraba el mismo sentimiento que los corderitos de lana con las patas verdes que compraban los niños en la feria todos los años. Siempre le habían gustado estos juguetes, y el cordero de la iglesia le hacía la misma gracia y le inspiraba la misma simpatía infantil. También la inquietaba un poco. Nunca estaba segura de que aquel cordero con su banderín no quisiera ser algo más de lo que aparentaba. Por eso, en parte le inspiraba desconfianza, lo miraba con cierto recelo.
En aquel momento, concentrado de una manera muy curiosa, con el ceño fruncido y una levísima tensión de éxtasis en sus facciones, Will transmitía la desagradable sensación de comunicarse con el cordero de la ventana. Un asombro frío se apoderó de Anna: estaba perpleja. Veía a Will inmóvil, atemporal, con aquella tensión leve y luminosa en sus facciones. ¿Qué hacía? ¿Qué relación tenía con el cordero de la vidriera?