El arco iris
El arco iris De repente, el cordero con su banderín irradió para Anna un resplandor imperioso. De repente, Anna tuvo una poderosa experiencia mística, la fuerza de la tradición se adueñó de ella, se sintió transportada a otro mundo. Y la experiencia le pareció repugnante, se resistió.
Al instante, la imagen de la vidriera volvía a ser la de un cordero alelado. Y Anna sintió un odio violento y oscuro por su marido. ¿Qué hacía Will, radiante, transportado, con el alma rebosante de plenitud?
Hizo un movimiento brusco para darle un codazo, fingiendo que se le había caído un guante, buscó a tientas entre los pies de él.
Will volvió en sí, profundamente aturdido, indefenso. Cualquiera, menos ella, se habría compadecido de él. Anna quería despedazarlo. Will no entendía qué pasaba, qué había hecho.
Cuando se sentaron a comer, en casa, Will estaba desconcertado por la actitud fría y hostil de su mujer. Anna no sabía por qué estaba tan enfadada. Pero estaba que echaba chispas.
–¿Por qué nunca prestas atención al sermón? –le preguntó, hirviendo de rabia e inquietud.
–Sí que presto atención.
–No, no te enteras de nada.