El arco iris
El arco iris Decidió ir a Nottingham, su pueblo natal. Fue a la estación y cogió un tren. Cuando llegó a Nottingham seguía sin tener adónde ir. De todos modos, era más agradable pasear por estas calles familiares. Andaba con una agitación desmedida, como un enajenado. Al cabo de un rato, entró en una librería y encontró un libro sobre la catedral de Bamberg. ¡Qué gran hallazgo! ¡Esto era importante para él! Buscó un restaurante tranquilo para hojear su tesoro. Se fue animando, con verdaderos escalofríos de felicidad, mientras contemplaba las imágenes. Por fin había encontrado algo en aquellas tallas. Lo invadió una profunda satisfacción espiritual. ¡No iba buscando nada y, sin embargo, lo había encontrado! Estaba arrebatado de plenitud. Eran las mejores tallas, las mejores esculturas que había visto jamás. Tenía el libro abierto en las manos, como una puerta. El mundo, ahí fuera, era simplemente un recinto cerrado, una habitación. Pero él se alejaba. Se deleitó en las maravillosas esculturas femeninas. Un universo fascinante y exquisitamente forjado cristalizaba a su alrededor mientras contemplaba una vez más las coronas, las trenzas, los rostros de mujer.