El arco iris
El arco iris –¿Quieres comer algo? –preguntó ella.
–Yo mismo lo prepararé –contestó él, que no querÃa que Anna lo sirviera.
Pero Anna le llevó la comida. Y a Will le gustó que ella lo atendiera. VolvÃa a sentirse como un señor poderoso.
–He ido a Nottingham –dijo, en voz baja.
–¿A ver a tu madre? –preguntó ella, con un arranque de desprecio.
–No, no he ido a casa.
–¿A quién has ido a ver, entonces?
–No he ido a ver a nadie.
–Entonces, ¿por qué has ido a Nottingham?
–He ido porque me apetecÃa.
Will empezaba a enfadarse, al ver que Anna volvÃa a atacarlo cuando él se sentÃa tan despejado y radiante.
–Y ¿a quién has visto?
–No he visto a nadie.
–¿A nadie?
–No. ¿A quién tenÃa que ver?
–¿No has visto a ningún conocido?
–No, no he visto a nadie –contestó él, con irritación.
Anna lo creyó, y su ánimo se enfrió.
–He comprado un libro –dijo Will, pasándole el volumen propiciatorio.