El arco iris
El arco iris Anna miró las ilustraciones con aire distraído. Eran hermosas, aquellas mujeres puras, con sus túnicas plisadas. Su corazón se enfrió un poco más. ¿Qué significaban para él estas imágenes?
Will esperaba. Anna le devolvió el libro.
–¿Verdad que son preciosas? –dijo él, con voz entusiasmada y alegre.
A Anna le hirvió la sangre, pero no levantó la cabeza.
–Sí –contestó. A su pesar, se sentía atraída por él. Era raro, atractivo, ejercía cierto poder sobre ella.
Will se acercó a su mujer y la acarició con delicadeza. El corazón de Anna latió con una pasión salvaje, con una pasión salvaje y desenfrenada. Sin embargo, seguía resistiéndose. Siempre tropezaba con lo desconocido, siempre lo desconocido, y se aferró ferozmente a su propio ser. Pero la fuerza de la ola la arrastró poco a poco.
Una vez más se amaron hasta transportarse, con pasión, plenamente.
–¿Verdad que ha sido mejor que nunca? –preguntó ella, radiante como una flor recién abierta, con lágrimas como el rocío.
Will la estrechó contra su cuerpo. Estaba raro y distraído.