El arco iris
El arco iris Y, una vez más, Will volvía a ser para Anna la temible llama del poder. A veces, cuando él aparecía en la puerta, con una expresión resplandeciente, Anna lo veía como una Anunciación, y el corazón le daba un vuelco. Lo observaba, en trance. Will tenía un temperamento oscuro y ardiente al que Anna se resistía, atemorizada. Estaba sometida a su marido como si fuera el Ángel de la Presencia. Lo esperaba, escuchaba su voluntad y temblaba a su servicio.
Entonces, todo cambiaba. Entonces, Will quería a su mujer por lo infantil y extraña que era para él, por el milagro de su espíritu, que era distinto del suyo y lo volvía genuino cuando intentaba ser falso. Y Anna quería a su marido por su manera de sentarse tranquilamente en una silla, o su manera de entrar por una puerta, con expresión franca y ávida. Le encantaba la voz resonante y ansiosa de Will, y el halo de misterio que lo envolvía, su absoluta sencillez.