El arco iris
El arco iris Muy bien, no era verdad, el agua no se habÃa transformado en vino. El agua no se habÃa transformado en vino. Pese a todo, él seguirÃa viviendo en lo más hondo de su ser como si el agua se hubiera transformado en vino. Para la verdad de los hechos, no era cierto. Para su alma, lo era.
–Me trae sin cuidado si se transformó en vino o no –dijo–. Yo lo acepto tal como es.
–Y ¿cómo es? –se apresuró a preguntar Anna, esperanzada.
–Es la Biblia.
Esta respuesta desesperó a Anna, y despreció a su marido. No es que ella cuestionara activamente la Biblia, pero él la empujaba al desdén.
En realidad, a Will no le interesaba la Biblia, la palabra escrita. Aun cuando no pudiera complacer a Anna, ella sabÃa perfectamente que habÃa en él algo auténtico. No era dogmático. No creÃa en realidad que el agua se hubiera transformado en vino. No querÃa presentarlo como un hecho. Sin embargo, su actitud estaba exenta de crÃtica. Era puramente subjetiva. Will tomaba lo que habÃa de valor en la Palabra Escrita, lo incorporaba a su espÃritu. Dejaba dormir su inteligencia.