El arco iris
El arco iris Sabía, remotamente, que Will nunca estaba satisfecho, que siempre intentaba imponerle algo. Ah, ¡cuánto deseaba ella triunfar con su marido, a su manera! Will estaba a su lado, era inevitable. Anna también vivía dentro de él. Y ¡cuánto deseaba estar en paz con él, en paz! Lo amaba. Le daría amor, amor puro. Con una curiosa expresión de éxtasis, aquella noche esperó que él volviera a casa.
Cuando Will llegó por fin, Anna se levantó, con las manos rebosantes de amor, como de flores, radiante, inocente. Un oscuro espasmo contrajo las facciones de Will. Mientras ella lo miraba, radiante como una flor de amor inocente, la expresión de él se oscureció por momentos, se volvió tensa, la crueldad se concentró en sus cejas, apartó la vista, de manera que solo se veía la parte blanca de sus ojos. Anna esperó, tocándolo con las manos. Pero el cuerpo de Will derramaba en las manos de Anna la fuerza implacable y corrosiva de su pasión, destrozando su plenitud interior. Anna se asustó. Se levantó del suelo, donde se había arrodillado, y se alejó de él, para protegerse. Y fue muy doloroso para ella.