El arco iris

El arco iris

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Fue una niña. Por el breve silencio y la expresión de Anna cuando se lo anunciaron, Will vio que estaba decepcionada. Y en su corazón se desató una inmensa y ardiente tormenta de protesta y rencor. En ese mismo instante, Will reclamó a la niña para sí.

Sin embargo, cuando le subió la leche y la recién nacida se agarró a su pecho, un estremecimiento de felicidad desmedida sacudió a Anna.

–¡Me chupa, me chupa, le gusto: ah, le encanta! –exclamó, estrechando a la niña contra su pecho y abarcándola con entusiasmo entre las manos.

En un momento, cuando se acostumbró a su felicidad, miró a su marido con ojos fulgurantes, sin ver, y afirmó:

–Anna Victrix.

Will se retiró, temblando, y se fue a dormir. El dolor había sido para ella la herida del vencedor, su marca de distinción, estaba orgullosa.

Cuando se recuperó, Anna estaba muy feliz. Llamó a la niña Ursula. Anna y Will pensaron que debían dar a su hija un nombre que gustara íntimamente. La recién nacida tenía la piel rojiza, una piel curiosamente aterciopelada, el pelo del color del bronce y unos ojos entre grises y amarillos, titubeantes, que más tarde se volvieron dorados, como los de su padre. Así, la llamaron Ursula, por el retrato de la santa.


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