El arco iris
El arco iris Aunque al principio fue una niña muy delicada, no tardó en fortalecerse, y era inquieta como una anguila. Anna estaba agotada, por la larga lucha diaria con esta energía tan tierna.
Anna veía a su hija como un animalillo, la quería, la adoraba, y estaba feliz. Quería a su marido, le besaba los ojos, la nariz, la boca, y lo elogiaba mucho, le decía que tenía unas piernas y unos brazos preciosos, estaba fascinada por su constitución física.
Y en verdad era Anna Victrix. Will ya no podía combatir contra ella. Se encontraba en un territorio sin explorar, a solas con su mujer. Tuvo ocasión de hacer un viaje a Londres y, a su regreso, se deleitó pensando en la tribu de salvajes desnudos, en una isla, que había construido y creado la impresionante concentración de Oxford Street o Piccadilly. ¿Cómo aquellos salvajes indefensos, que corrían con sus lanzas por la orilla del río, cómo habían llegado a levantar esta gran ciudad que era Londres, la imponente, inmensa y fea superestructura del mundo humano sobre el mundo de la naturaleza? Le parecía una proeza, y le aterraba. El hombre era un ser extraordinario y terrible. Sus obras eran aún más terribles y extraordinarias que el propio hombre, casi monstruosas.