El arco iris
El arco iris »¿Les decimos que se estén quietas, se lo decimos, pajarito mÃo? ¡Qué pillinas son, pero qué pillinas! ¡MÃralas!
Y su voz se volvÃa de pronto sonora y temible, a la vez que daba golpes en el cristal:
–Quietas, quietas –gritaba–. ¡Dejad de dar la lata! ¡Quietas!
Gritaba cada vez más y golpeaba el cristal con más fuerza. Su voz sonaba imperiosa y temible.
–¡No seáis insensatas!
»Mira, ya se han ido. ¿Adónde habrán ido esas tontorronas? ¿Qué se dirán las unas a las otras? ¿Qué dirán, corderito mÃo? Se olvidarán, ¿verdad?, se olvidarán de todo, con sus cabezas huecas y sus gorritas azules.
Un momento después se volvió a su marido, radiante.
–Se estaban peleando, ¡estaban muy enfadadas! –dijo, entusiasmada y maravillada, como si perteneciera al mundo de las aves, como si se identificara con la especie de las aves.