El arco iris

El arco iris

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En invierno, cuando se levantaba al amanecer y, por las ventanas, a levante, veía el fulgor amarillo y anaranjado en la hierba verde y reluciente, el gran peral erguido, oscuro y magnífico como un ídolo, y bajo el peral oscuro, la fina lámina de agua tersa y lisa, bruñida por la luz amarilla, Anna se decía: «Está aquí». Y al atardecer, cuando el sol se ponía con un resplandor rojizo entre los grandes claros de las nubes, volvía a decir: «Está más allá».

Alba y ocaso eran los pies del arco iris, tendido como un puente sobre el día, y Anna atisbaba la esperanza, la promesa. ¿Por qué tenía que ir más lejos?

No obstante, siempre se hacía la misma pregunta. Cuando el sol se ponía, con su violenta prisa invernal, Anna se enfrentaba a la abrasadora proximidad de la cuestión, en la que nunca llegaba a participar plenamente, y aplacaba sus exigencias: «¿Qué estás haciendo, a qué viene tanto alboroto y tanto ardor? ¿Por qué no paras nunca, por qué no nos dejas en paz?».

No acudía a su marido para que la guiase. Will estaba separado de ella, con ella, según los distintos conceptos que Anna tenía de él. Podía coger a su hija, podía arrojarla a aquel horno, y la pequeña echaría a andar entre las brasas ardientes y el rugido incandescente del calor, como atravesaron el fuego los tres testigos con el ángel[7].


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker