El arco iris
El arco iris –Ah, y ¿qué te ha dicho?
–Me ha dicho… Me ha dicho… «No te ensucies ese vestido blanco tan bonito.»
Will daba a su hija los mejores bocados de su plato, se los metÃa en la boca roja y húmeda. Y le dibujaba un pájaro de mermelada en el pan con mantequilla, que Ursula saboreaba con inmenso placer.
La criada se marchaba después de recoger los cacharros de la cena, y la familia se quedaba a solas. Normalmente, Brangwen ayudaba a bañar a las niñas. TenÃa largas discusiones con su hija, sentada en sus rodillas, mientras la desnudaba. Y en verdad parecÃa estar hablando de cuestiones trascendentales con una profunda carga moral. De repente, la niña dejaba de prestar atención, cuando veÃa una bolita de cristal que habÃa rodado hasta un rincón. Se escabullÃa, y no tenÃa ninguna prisa por volver.
–Ven aquà –decÃa él, esperando.
Pero ella estaba concentrada y no hacÃa caso.
–Vamos –repetÃa su padre, con una nota de mando en la voz.
A Ursula se le escapaba una risita entusiasmada, pero fingÃa que estaba muy concentrada.
–¿Ha oÃdo usted, señora mÃa?
Y la niña se volvÃa entonces con una carcajada exultante y fugaz. Will se abalanzaba y la cogÃa en brazos.