El arco iris
El arco iris –¿Quién era la que no querÃa venir? –le decÃa, balanceándola con sus manos fuertes y haciéndole cosquillas. Y la niña se reÃa con verdaderas ganas. Le encantaba que su padre la doblegara con su fuerza y su determinación. Era todopoderoso para ella, la torre de la fortaleza que se alzaba hasta perderse de vista en la distancia.
Cuando las niñas se habÃan acostado, los padres a veces se sentaban a charlar, de cualquier cosa, con desgana. Will apenas leÃa. Cualquier lectura se volvÃa para él una realidad abrasadora, otra escena que transcurrÃa al otro lado de su ventana. Anna a veces hojeaba un libro, por estar al corriente de las cosas, pero enseguida se cansaba.
AsÃ, tenÃan la costumbre de sentarse a charlar de cualquier cosa. Lo que en verdad ocurrÃa entre los dos no podÃan nombrarlo. Sus palabras eran meros accidentes en el silencio mutuo. Intercambiaban habladurÃas. Anna no tenÃa ganas de coser.
Adoptaba una pose encantadora, reflexiva, como si su corazón estuviera iluminado. A veces se volvÃa a su marido, riéndose, para contarle algún incidente del dÃa. Él se reÃa, y hablaban un rato, antes de que el silencio vital, fÃsico, volviera a instalarse entre ellos.