El arco iris

El arco iris

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Ursula se quedaba un momento en la puerta del cobertizo, esperando a que su padre la viera. Él se volvía, arqueando ligeramente las cejas negras y curvadas.

–¡Hola, señorita cotorra!

Y cerraba la puerta cuando la niña entraba. Ursula era feliz en el cobertizo, que olía a madera dulce y resonaba con el ruido del cepillo, el martillo o la sierra, cargado al mismo tiempo del silencio del carpintero. Jugueteaba, concentrada y distraída, entre las virutas y los recortes de madera. Jamás tocaba a su padre: aunque tenía cerca sus pies y sus piernas, nunca lo rozaba.

Le gustaba salir corriendo detrás de su padre cuando él iba a la iglesia de noche. Will quería estar solo, pero la cogía por encima de la cerca de piedra y dejaba que lo acompañase.

Una vez más, Ursula se sentía transportada cuando las puertas de la iglesia se cerraban a sus espaldas y los dos heredaban el recinto grande, pálido y vacío. Observaba con mucha atención mientras su padre encendía las velas del órgano, esperaba mientras él ensayaba sus melodías y luego se iba a corretear por todas partes, jugando como un gatito en la oscuridad, con las pupilas dilatadas. Las cuerdas de las campanas de la torre colgaban vagamente, gemelas, y Ursula siempre quería tocar las borlas esponjosas, rojas y blancas o azules y blancas. Pero no las alcanzaba.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker