El arco iris
El arco iris A los veintiséis años, cuando Will se vio convertido en padre de cuatro niñas, con una mujer que vivía intrínsecamente ajena a todo, como los lirios del campo, el peso de la responsabilidad lo aplastó y lo arrastró por completo. Fue entonces cuando su hija Ursula puso mayor empeño en estar con él. Incluso a los cuatro años, estaba con su padre cuando él se ponía irritable y gritaba y hacía sufrir a todo el mundo en casa. Ursula sufría al oír los gritos de su padre, pero en cierto modo le parecía que quien gritaba no era él. Quería que su padre dejara de gritar, quería recuperar su vínculo con él. Cuando Will se ponía desagradable, la niña respondía ciegamente a la llamada de cierta necesidad que detectaba en él. Su corazón lo seguía, como si su padre estuviera atado a ella y guardara un amor que no podía ofrecer. Su corazón lo seguía con un amor insistente.
Sin embargo, tenía una vaga conciencia de su pequeñez y su incapacidad, una funesta sensación de que no valía nada. No podía hacer nada, no era suficiente. No lograba ser importante para su padre. Y esta revelación la paralizó desde el principio.
Aun así, seguía a su padre como una aguja temblorosa. Su vida entera estaba dirigida por su conciencia de él, siempre despierta para él. Y se rebeló contra su madre.