El arco iris
El arco iris Sin embargo, en lo más hondo, los sollozos le desgarraban el alma. Y, cuando su padre la dejaba en paz, Ursula iba a esconderse debajo del sofá de la sala, y se quedaba allà tumbada, atenazada por el mudo y oculto sufrimiento de la niñez.
Cuando salÃa, gateando, al cabo de una hora, se iba a jugar, muy tensa. Intentaba olvidar. Cortaba el hilo que unÃa su alma infantil a su memoria, para que el dolor y la humillación no fueran reales. Afirmaba únicamente su propio ser. No habÃa en el mundo nada más que su propio ser. AsÃ, pronto tomó conciencia de la maldad que la acechaba fuera. Y muy pronto aprendió que incluso su adorado padre era parte de esta maldad. Y muy pronto aprendió a endurecer su alma, resistiéndose a todo lo que estaba fuera de ella, y negándolo, endureciéndose en su propio ser.