El arco iris
El arco iris Y otra vez ella ladeó la cabeza, y sus ojos claros, brillantes, brillantes como una lámina de agua, se llenaron de luz, aterrorizados, pero se iluminaron sin querer, respondiendo con temblor.
–¡Ah! La semana pasada no pude venir.
Will detectó el acento vulgar. Y le gustó. SabÃa a qué clase social pertenecÃa la muchacha. Probablemente era una criada. Le gustó que fuera una chica vulgar.
Y empezó a hablarle del programa de la semana anterior. Ella contestaba al azar, de una manera muy confusa. TenÃa las mejillas encendidas. Pero siempre contestaba. Su compañera se mostraba distante, ostensiblemente callada. Will hizo como si no la viese. Toda su atención era para la chica de los ojos brillantes y claros y la boca vulnerable y abierta.
El diálogo prosiguió, al azar y sin sentido por parte de la joven, deliberado y consciente por parte de Will. Era un placer para él esta conversación, una actividad placentera como un juego de destreza y azar. Estaba muy tranquilo y de buen humor, aunque también consciente de su poder. La joven temblaba bajo la presión constante y cálida de Will, bajo su seguridad.