El arco iris
El arco iris Se acercaba el final de la función. Los sentidos de Will estaban agudizados, puestos en su propósito. TenÃa que conservar el terreno ganado. Siguió a la joven y a su anodina compañera por las escaleras, hasta la calle. Estaba lloviendo.
–¡Qué noche tan horrible! –dijo–. ¿Vienes a tomar algo…? ¿Una taza de café…? TodavÃa es temprano.
–No creo –contestó la muchacha, con la mirada perdida en la noche.
–Me gustarÃa mucho –insistió Will, como poniéndose a su disposición.
Hubo una pausa.
–Vamos a Rollins –propuso.
–No… Ahà no.
–¿A Carson, entonces?
Hubo un silencio. La otra chica no se marchaba. El hombre era el centro de atracción.
–¿Tu amiga viene también?
Hubo otro instante de silencio, mientras la compañera sopesaba la situación.
–No, gracias –contestó–. He prometido ir a ver a una amiga.
–¿En otra ocasión? –preguntó Will.
–SÃ, gracias –dijo la joven, muy incómoda.
–Buenas noches.