El arco iris
El arco iris –Demos un paseo –propuso él–. No me molesta la lluvia. ¿A ti?
–No, a mà tampoco.
Will estaba en tensión hasta la última fibra, con los cinco sentidos, pero firme y seguro, iluminado, como transportado. TenÃa la sensación de andar libremente en su propia oscuridad, no en el mundo de otra persona. Era un mundo puro en sà mismo, desprovisto de toda relación con una conciencia general. No reconocÃa más autoridad que la de sus sentidos. Todo lo demás era externo, insignificante, y estaba solo con aquella mujer a la que querÃa absorber, cuyas propiedades querÃa absorber con sus sentidos. Ella no le interesaba: solo querÃa vencer su resistencia, tenerla en su poder, disfrutar de ella plena y absolutamente.