El arco iris
El arco iris Sin embargo, se aplicó con paciencia a que ella se tranquilizara, con paciencia, todo su ser se concentró en la sonrisa de placer latente, todo su cuerpo electrizado por la fuerza poderosa y sutil con que reducía a la mujer. Por fin se decidió besarla, y su beso le pareció a ella insidioso, casi una ofensa. Su boca abierta estaba demasiado indefensa y desprotegida. Él lo sabía, y su primer beso fue suave, y tierno, y tranquilizador, muy tranquilizador. De esta manera, la boca suave y desamparada cobró confianza, se volvió casi intrépida y buscó los labios de Will. Él respondió despacio, despacio, con creciente intensidad, hasta que ella no pudo soportar tanta intensidad y tuvo la sensación de que se hundía. Se hundía despacio, mientras la sonrisa de placer latente se tensaba en los labios de Will, seguro de ella. Dejó que toda la fuerza de su deseo aplastara a la mujer hasta anularla. Pero la impresión fue demasiado intensa para ella.
Con un movimiento brusco, horrible, rompió la envoltura que los encerraba a los dos.
–¡No…! ¡No!
Fue un grito horroroso el que salió de sus labios, un grito que no le pertenecía. Una extraña agonía de terror resonó en sus palabras. Algo que no era suyo vibró en su voz. Los nervios de Will se rasgaron como un paño de seda.