El arco iris
El arco iris –¿Qué pasa? –preguntó, aparentando tranquilidad–. ¿Qué pasa?
Ella volvió a acercarse, aunque temblorosa, reservada esta vez.
Will encontró placer en ese grito. De todos modos, sabÃa que todo era demasiado repentino para ella. Se mostró más prudente esta vez. Por unos momentos, se limitó a cobijarla. El grito también habÃa abierto una fisura en su voluntad inquebrantable. QuerÃa perseverar, comenzar de nuevo, llegar al punto en que ella se habÃa dejado llevar y conducirse con más cautela y un resultado afortunado. La mujer habÃa ganado por el momento. Pero la batalla aún no habÃa concluido. Aun asÃ, una voz despertaba dentro de Will y lo exhortaba a dejar que ella se fuera… A dejarla marchar con desdén.
La cobijó, la tranquilizó, la acarició y la besó, y una vez más comenzó a acercarse poco a poco. Se recompuso. Aunque no llegara a tomarla, querÃa que la mujer se tranquilizara, querÃa aniquilar su resistencia. La besó muy suavemente, con una caricia infinita, como si la acariciara con todo su ser. Pero, cuando estaba al borde del desvanecimiento, a punto de romperse, la mujer emitió un gemido inarticulado, vencido:
–No… ¡Ay!, no.