El arco iris
El arco iris Tom Brangwen no llegó hasta el día del entierro. Se mostró tan sereno y comedido como siempre. Besó a su madre, que estaba muy quieta, con expresión sombría, inescrutable; estrechó la mano de su hermano sin mirarlo a la cara, vio el gran féretro con sus asas negras. Incluso leyó la inscripción de la placa: «Tom Brangwen, de la granja Marsh. Nacido en… Fallecido en...».
Las facciones atractivas y serenas del joven se contrajeron fugazmente en una mueca espantosa y al instante recobraron su serenidad. Trasladaron el féretro a la iglesia, las campanas tocaban a difuntos, los deudos llevaban coronas de flores blancas. La madre, la mujer polaca, con expresión sombría y ausente, iba del brazo de su hijo Tom. El joven estaba tan apuesto como siempre, con una expresión totalmente inmóvil y agradable en cierto modo. Fred iba al lado de Anna, extraña y encantadora, él con el gesto acartonado, rígido, implacable.