El arco iris

El arco iris

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En el entierro y después del entierro, Will Brangwen se sentía locamente enamorado de su mujer. La muerte lo había sacudido. Pero la muerte y todo lo demás parecían concentrarse dentro de él en una pasión delirante y arrasadora por su mujer. Anna tenía una actitud extraña y cautivadora. Will estaba casi fuera de sí de deseo.

Y ella lo aceptó, parecía dispuesta para él, lo deseaba.

La abuela se quedó unos días en Yew Cottage, mientras se reparaban los daños en la granja. Después regresó a su casa, callada, como si no quisiera nada. Fred se entregó en cuerpo y alma a las obras de reconstrucción. Que su padre hubiera muerto allí le hacía sentir la granja como un lugar más íntimo y más inevitablemente suyo.

Según el dicho, los Brangwen siempre morían de muerte violenta. Para todos ellos, menos para Tom, quizá, era algo casi natural. Aun así, Fred iba de un lado a otro, terco, con el corazón petrificado. Jamás perdonaría a lo Desconocido el asesinato de su padre.

Después de la muerte del padre, la granja estaba muy silenciosa. La señora Brangwen parecía inquieta. Era incapaz de pasar la velada sentada tranquilamente, como antes, y a lo largo del día se levantaba muchas veces, dubitativa, como si tuviera que ir a alguna parte y no supiera exactamente adónde.


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