El arco iris
El arco iris Sin embargo, poco a poco, a los veintitrés, a los veinticuatro años, Lydia empezó a darse cuenta de que ella también podía tomar en consideración estos ideales. Al aceptar la subordinación de su mujer, Lensky había aniquilado este sentimiento en ella. Fueron dos compañeros de él quienes discutían estas ideas con Lydia, ya que él no estaba dispuesto a hacerlo personalmente. De esta manera, Lydia se adentró en la mentalidad de otros hombres. Entonces, ¡la de su marido no era la única mente masculina! Entonces, ¡ella no era un mero atributo de su marido! Empezó a tomar conciencia de las atenciones de otros hombres. Estaba ilusionada. Se acordaba de los hombres que la habían cortejado en Varsovia, cuando ya estaba casada.
Luego estalló la revolución, y ella también se sintió inspirada. Acompañó a su marido, como enfermera. Él trabajaba como una fiera, agotando su vida. Y ella lo seguía, indefensa. Sin embargo, no creía en él. Estaba demasiado aislado, eran muchas las cosas que desconocía. Dependía excesivamente de sí mismo. Su trabajo, sus ideales… ¿Es que no había nada más?
Entonces murieron sus hijos, y todo se volvió lejano para Lydia. Su marido se volvió lejano. Lo veía, lo veía ponerse blanco al recibir la noticia, y fruncir el ceño a continuación, como si pensara: «¿Por qué se han muerto ahora, cuando no tengo tiempo para llorarlos?».