El arco iris
El arco iris SeguÃa sin haber respuesta.
–Mamá, no contesta –se oyó un grito–. Está muerta.
–Vete de aquÃ… No estoy muerta. ¿Qué quieres? –contestó la voz airada de la niña.
–Abre la puerta, nuestra Ursula –dijo la voz quejumbrosa.
Y todo terminaba. TenÃa que abrir la puerta. Oyó chirriar el cubo en el piso de abajo, arrastrado por las baldosas de piedra, mientras la criada fregaba el suelo de la cocina. Y los niños entraron en el dormitorio.
–¿Qué estabas haciendo? ¿Por qué has cerrado la puerta?
Más tarde descubrió la llave de la sala parroquial y se refugiaba allÃ, sentada con sus libros encima de unos sacos. Allà comenzó un sueño nuevo.
Era la única hija de un anciano señor, y tenÃa poderes mágicos. Los dÃas se sucedÃan en un trance de silencio, mientras Ursula deambulaba como un fantasma en la callada y antigua mansión, o correteaba por las terrazas dormidas.
La asaltó entonces una pena profunda: tenÃa el pelo negro. QuerÃa tener el pelo rubio y la piel blanca. Detestaba su melena negra.